Director de la OIT busca su reelección como garantía de estabilidad en tiempos difíciles
Isabel Saco
Ginebra, 20 sep (EFE).- El director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Gilbert Houngbo, de Togo, tiene la convicción de que esta organización -que como la mayoría de agencias de Naciones Unidas enfrenta dificultades económicas- requiere de continuidad para garantizar su estabilidad y que las reformas en las que está inmersa lleguen a buen puerto.
"Creo que en la situación actual, en la que el multilateralismo está siendo desafiado, es importante tener a alguien que conozca todo esto a fondo", dice en una entrevista con EFE, en la que defiende su intención de ser reelegido para un segundo mandato (2027-2032), frente a las candidaturas de la ministra española de Trabajo, Yolanda Díaz, y del exministro peruano de Exteriores, Javier González-Olaechea.
Houngbo (65 años) empezó su vida profesional trabajando en una multinacional en Canadá, pero luego llegó a Naciones Unidas, donde ocupó varios altos cargos, aunque hizo un paréntesis de cuatro años como primer ministro de su país.
Durante su mandato, la OIT ha sido una de las entidades golpeadas por el menosprecio del Gobierno de Donald Trump, que le adeuda sus contribuciones obligatorias de 2024 y 2025 (unos 173 millones de dólares), lo que ha llevado al director general a proponer un serie de medidas para recortar el 12,5 % del presupuesto, incluyendo la reducción de 120 puestos de un total de 3.400.
Al respecto, Houngbo recuerda que la dependencia de grandes donantes no es una peculiaridad OIT y que -para evitar que una situación de crisis como la actual se repita- su propuesta es crear una reserva a modo de fondo rotatorio que se pueda reponer y utilizar ante una situación totalmente inesperada.
"La estabilidad financiera (de la organización) a largo plazo es uno de los aspectos clave que me impulsa a presentarme a las elecciones, así como la consolidación de las numerosas iniciativas que hemos llevado a cabo durante mi primer mandato", sostiene.
No obstante, reconoce: "en el sistema multilateral, perdón por la expresión, tenemos algo de grasa que podríamos recortar. Tenemos que ser responsables y reconocerlo, eso es lo que estamos intentando hacer. Por supuesto, nuestra responsabilidad también es segurarnos de no recortar hasta el hueso".
El resultado sería un redimensionamiento de la OIT, pero con la voluntad de no afectar las tareas vitales de la organización.
"Estoy convencido de que los Estados miembros, no solo EE. UU., sino todos, una vez que vean el esfuerzo que estamos realizando, estarán dispuestos a estudiar cómo pueden ayudarnos con la financiación para poner en marcha ese fondo rotatorio", señala.
A la invitación de la ministra de Trabajo de España a mantener un debate cara a cara -y que no se limiten a presentaciones y a responder preguntas de gobiernos, sindicatos y patronales (las tres partes que integran la organización) en la sesión del próximo día 23 en la sede de Ginebra-, Houngbo declina cortésmente.
Afirma ser "muy consciente" de que las reglas del proceso de elección son "muy rigurosas, democráticas y transparentes" y que prevén la sesión pública del 23 y otra el 9 de noviembre, aunque ésta última será a puerta cerrada.
"El futuro de la OIT no debería girar en torno a personalidades o a la política. Tengo plena confianza en el proceso", enfatiza.
Houngbo presenta como uno de los pilares de su propuesta para un segundo mandato la adopción de la inteligencia artificial: "En la OIT, tenemos muy claro que no es la IA la que te va a quitar el trabajo, será tu vecino, que sabe cómo usarla".
Admite que se perderán millones, incluso cientos de millones de puestos de trabajo, pero recalca que al mismo tiempo "se crearán otros tantos cientos de millones de empleos. De lo que se trata es de adaptar las competencias y el aprendizaje permanente, que es una dimensión importante por la que estamos abogando".
El 16 de noviembre se sabrá quién asumirá las riendas de una organización gracias a la cual se estableció la jornada de trabajo, las vacaciones pagadas, la libertad sindical y otros muchos derechos laborales.
"Olvidamos que, allá por 1919, no existía el concepto de fin de semana. La gente trabajaba los siete días de la semana. El domingo quizá se te permitía ir a la iglesia, pero al salir de allí volvías al trabajo. El concepto mismo de un sistema de pensiones también forma parte de nuestras convenciones", recuerda. EFE
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