El juicio por el asesinato de Aramburu retrata a dos acusados marcados por la violencia
París, 9 sep (EFE).- El segundo día del juicio por el asesinato del exjugador de rugby argentino Federico Martín Aramburu ha dibujado el retrato de dos hombres que niegan ser militantes de extrema derecha mientras su pasado aparece marcado por la violencia, las armas y una amistad de años que los llevó juntos hasta el banquillo por la muerte del exinternacional.
Aramburu, medalla de bronce en el Mundial de 2007, fue asesinado a tiros en París en marzo de 2022, a los 42 años.
Loïk Le Priol, que le disparó en seis ocasiones, está acusado de asesinato y Romain Bouvier, que efectuó otros cuatro disparos contra él, ninguno de ellos mortal, de tentativa de asesinato. Ambos están además vinculados al desaparecido grupo estudiantil de extrema derecha GUD.
La sala volvió a estar este martes abarrotada de periodistas y público, incluida la familia de Aramburu llegada de Argentina y el País Vasco, en una jornada centrada en reconstruir la personalidad de ambos acusados.
Por la mañana, Bouvier, con voz calmada, se presentó como un hombre culto, amante de la historia y la literatura, pero también fascinado por las armas de colección. La investigadora que reconstruyó su trayectoria lo describió como alguien abierto, instruido y procedente de una familia burguesa parisina.
Un retrato perfecto que empezó a resquebrajarse cuando Bouvier reconoció haber participado en 2015 junto a Le Priol en una brutal paliza a Édouard Klein, antiguo dirigente de GUD.
No obstante, negó que existiera una motivación política detrás de ese ataque y aseguró que lo hizo porque Klein había maltratado a dos mujeres. También rechazó haber pertenecido al GUD y cargó contra los medios que, según él, han construido una imagen extremista que no se corresponde con quien es.
El interrogatorio también demostró que, después de esa paliza, por la que acabó siendo condenado a 5 años de cárcel, Bouvier incumplió la prohibición judicial de contactar con Le Priol y también la de poseer armas. De hecho, llegó a acumular en su domicilio un arsenal valorado, según el presidente del tribunal, en 24.000 euros.
La noche en la que disparó contra Aramburu, llevaba en el bolsillo una pistola cargada porque, según dijo, tenía "miedo" de ser víctima de una supuesta represalia del padre de Klein.
Bouvier atribuyó toda esa violencia a una "masculinidad tóxica", a la inmadurez y al alcohol, y calificó su comportamiento de "lamentable" e "inexcusable", a lo que el presidente del Tribunal respondió diciendo que cuando mató a Aramburu tenía 31 años.
Un elemento que llamó la atención fue que, pese a ser interrogado en repetidas ocasiones, Bouvier se negó a criticar el comportamiento violento de Le Priol, al que calificó de "su mejor amigo" y llegó a definir como "un héroe de guerra".
Por la tarde, el protagonista fue Le Priol, antiguo comando de la Marina francesa. Su relato estuvo dominado por el alcohol, las peleas y una larga lista de episodios violentos en los que, una y otra vez, sostuvo que fueron otros quienes comenzaron.
Su investigación de personalidad dibujó primero a un niño y adolescente deportista y sociable, pero mal estudiante y con fuerte personalidad. Con 16 años entró en la Marina y con 18, en los comandos, un cuerpo de élite en el que era el más joven.
Después llegaron las misiones en el extranjero, el estrés postraumático, el alcohol y una progresiva ruptura con el Ejército, que acabó expulsándolo. Le Priol atribuye buena parte de su caída a ese proceso y niega que fuera repatriado de Djibouti por haber agredido a una prostituta, como sostienen las informaciones publicadas por los medios franceses.
También negó haber pertenecido al GUD, aunque admitió haber compartido algunos de sus valores y reconoció que durante un periodo de su vida fue "permeable a un cierto tipo de discurso". Como Bouvier, sostiene que la agresión contra Klein no tuvo nada de política.
El momento más inesperado llegó al final del interrogatorio, cuando se emocionó al recordar una misión en el Sahel, cuando un compañero magrebí le salvó la vida bajo el fuego de combatientes yihadistas. "Eso barrió todos mis prejuicios", dijo.EFE
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