El Reino Unido opta por un perfil bajo ante la escalada de Milei sobre las Malvinas
Javier Otazu
Londres, 2 oct (EFE).- El Gobierno británico ha optado por un perfil bajo ante las últimas reclamaciones del presidente argentino Javier Milei sobre las islas Malvinas, que incluyen un ultimátum de dos semanas antes de llevar el caso a un arbitraje internacional si el Reino Unido no paraliza los proyectos petroleros en la cuenca de Sea Lion, en aguas al norte de las islas.
"Está claro, el Gobierno ha optado claramente por la desescalada para no dar a Argentina una publicidad extra a su anuncio de iniciar el arbitraje internacional", dice a EFE Matthew Benwell, profesor asociado de Geografía Humana en la Universidad de Newcastle y experto en el conflicto de las Malvinas.
El Gobierno del laborista Andy Burnham esperó tres días antes de responder oficialmente al último anuncio de Milei, pero no fue Burnham quien lo hizo, ni su ministro de Exteriores, Ed Milliban.
Ambos dejaron la tarea a Uma Kurama, subsecretaria de Estado para los Territorios de Ultramar -que incluyen las Malvinas- mediante un comunicado. En paralelo, convocaron a la embajadora argentina en Londres, Mariana Plaza, para supuestamente expresar su protesta.
El tono del comunicado fue firme, pues en él se ponía en duda "la fiabilidad de Argentina como socio" del Reino Unido, por recurrir a "actos que no denotan compromisos internacionales responsables".
Si, como todo indica, el Reino Unido limita su respuesta a este comunicado y Milei cumple su ultimátum de recurrir al arbitraje internacional, el profesor Benwell no cree que el caso tenga mucho recorrido, porque -recuerda- los tribunales sobre derecho marítimo han declinado pronunciarse en casos parecidos (en 2014 en un pleito entre Mauricio y el Reino Unido, y en 2020 en otro entre Rusia y Ucrania).
Y aun en el caso de que un tribunal ordenara al Reino Unido interrumpir la explotación de los yacimientos petroleros fruto del reciente reclamo de Milei, no tendrá medios coercitivos para obligarle, recuerda el profesor, que concede, en todo caso, que sí podría suponer "un éxito diplomático" para Argentina.
Una cerrada defensa de la autodeterminación
Desde que Milei comenzó con sus reclamos sobre las Malvinas -advirtiendo que actuaría contra las compañías que explotaran sus recursos naturales sin contar con Argentina-, el Gobierno de Burnham se ha ceñido a la misma postura británica de hace décadas: la gestión de los recursos de las islas es un asunto que está enteramente en manos de los malvinenses, en ejercicio de su derecho de autodeterminación.
Cada uno de los miembros de su gobierno que se han expresado sobre la cuestión han recordado el referéndum de 2013, cuando los malvinenses votaron en un 99,8 % (y con una participación del 92 % del censo) a favor de seguir siendo británicos.
Pero este 2026, el statu quo de las islas del Pacífico no solo se ha visto alterado de alguna manera por los nuevos reclamos argentinos, sino también por las palabras del presidente estadounidense Donald Trump, quien a finales de agosto se mostró dispuesto a revisar la tradicional postura estadounidense de 'neutralidad' sobre la cuestión.
No es que Trump ni nadie del Gobierno estadounidense hayan abundado en esta línea, pero la sintonía política entre Trump y Milei -más evidente que la que el mandatario estadounidense mantiene con el laborismo británico en el gobierno- ha dado alas de alguna manera a las reclamaciones argentinas.
Sin embargo, el Gobierno británico ha optado por la calma y la diplomacia, sin 'despeinarse' por las palabras de un Trump que con frecuencia se desinteresa de aquellos temas que no afectan directamente a EE.UU.
Por su parte, Benwell subraya que los malvinenses ya están "acostumbrados a ese ruido de fondo exterior", y que no va a cambiar un ápice sus proyectos de desarrollo petrolífero, que pueden suponer enormes recursos para las islas.
En cuanto al futuro más a largo plazo, los recuerdos de la guerra de las Malvinas de 1982 y los 225 soldados británicos muertos aún pesan en las generaciones adultas de británicos, pero los jóvenes que no vivieron ese conflicto ya no se sienten emocionalmente ligados a él: un sondeo de More in Common del pasado abril señaló que solo un 28 % de los menores de 25 años consideraba importante o muy importante que las Malvinas sigan siendo británicas. EFE
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