Agencias

Explosiones todo el día: los drones a reacción rusos transforman la rutina de Kiev

Explosiones todo el día: los drones a reacción rusos transforman la rutina de Kiev

Marcel Gascón

Kiev, 29 sep (EFE).- La nueva estrategia rusa de ampliar a las horas de luz y actividad laboral la franja horaria en que lleva a cabo sus ataques de larga distancia ha transformado la rutina de la capital ucraniana, donde los residentes se han visto obligados a adaptarse a una nueva realidad más peligrosa e incómoda después de haberse acostumbrado a que las explosiones se limitaran casi siempre a las horas de sueño.

"Hasta hace poco no hacíamos caso a los avisos de ataque que nos llegaban a los móviles durante el día, porque sabíamos que pocas veces caería el dron donde nosotros estábamos, pero las cosas han cambiado y ahora hay peligro hasta en las zonas situadas más al centro", dice a EFE María Ribak, que trabaja a distancia como gestora de proyectos de una empresa de traducción y a menudo pasa su jornada laboral en cafeterías del centro.

En parte por la presencia supuestamente disuasoria de embajadas extranjeras, pero también por la mayor atención que el Ejército dedica a proteger las sedes del poder situadas sobre todo en el centro, esta parte de Kiev estaba, menos algunas excepciones en ocasiones trágicas, a salvo de los drones y los misiles de las fuerzas del Kremlin.

Las cosas han cambiado desde el verano. El zumbido característico de los nuevos drones a reacción, más agudo que el sonido de cortacésped o moto vieja de los drones kamikaze convencionales que Ucrania aprendió a interceptar, es ahora habitual en toda la geografía de una ciudad donde las explosiones de las interceptaciones o los impactos son ya casi tan frecuentes como los pitidos de los coches en las horas de más tráfico.

Objetivos emblemáticos

Sólo durante este mes de septiembre, una de las calles más céntricas y teóricamente mejor defendidas de Kiev ha sido atacada en dos ocasiones.

La primera de ellas durante la tarde del 4 de septiembre, cuando un dron a reacción ruso pudo sortear todas las defensas ucranianas para golpear la fachada de la sede central del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU).

Las cicatrices de aquel ataque pueden verse no sólo en el edificio. Una larga sucesión de pesadas vallas de plástico corta ahora el paso por delante del edificio a todo transeúnte que no tenga un motivo claro para entrar al perímetro, cuyo cierre también al tránsito recuerda a los vecinos la normalidad perdida.

El segundo de estos ataques tuvo lugar este mismo lunes contra la sede en la misma calle de la Academia de las Ciencias de Ucrania, donde perdió la vida una de las trabajadoras de la institución.

También este lunes, poco después de este ataque, otro dron ruso impactó sin causar muertos en una clínica privada situada en una calle cercana a la que alberga al SBU y la academia.

Oficinas en horario laboral

Las autoridades ucranianas denuncian estos ataques habituales desde hace mucho en ciudades más cercanas al frente que ahora se normalizan también en Kiev como un intento ruso de perturbar la vida cotidiana de sus habitantes, algo que parece evidente a juzgar por la naturaleza de algunos de los objetivos más recurridos.

Además de almacenes de alimentos y otros productos básicos y de centros de datos e infraestructuras de telecomunicaciones de las que depende el suministro de internet, en los partes ofrecidos por la administración militar capitalina no faltan últimamente edificios de oficinas y parques empresariales atacados en pleno horario de trabajo.

El pasado viernes cuatro personas perdieron la vida en el distrito de Solómianski de Kiev en un ataque ruso que alcanzó uno de estos complejos de oficinas.

Este tipo de ataques no tienen ninguna lógica militar, pero incrementa la presión psicológica sobre la población y la sensación de riesgo e incertidumbre sobre el futuro de todo el país.

"Kiev ha sido hasta ahora el principal escaparate de la normalidad que Ucrania había conseguido mantener en medio de la guerra. La actual campaña de ataques rusos no sólo golpea directamente a la economía; también hace más difícil atraer inversiones", dice a EFE un diplomático europeo que pide el anonimato para no ser acusado de derrotista. EFE

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