La expansión de los centros de datos choca con una Europa cada vez más seca
Redacción Medioambiente, 12 sep (EFE).- En plena expansión de los centros de datos por todo el territorio, Europa pretende aumentar su capacidad para afrontar el desarrollo del sector, unos propósitos que previsiblemente multiplicarán el consumo de agua, recurso cada vez más limitado tras un verano marcado por la sequía y las elevadas temperaturas.
El pasado mes de junio, la Comisión Europea presentaba la Ley de Desarrollo de la Nube y la IA (CADA, por sus siglas en inglés), la cual pretende triplicar la capacidad de los centros de datos comunitarios en un plazo de 5 a 7 años.
La norma propone además "acelerar la concesión de permisos" y "mejorar el acceso a recursos clave" como la energía, el suelo o el agua.
En este contexto, la Agencia Europea del Medioambiente (EEA, por sus siglas en inglés) advierte de que el consumo de agua de centros de datos impulsados por IA podría elevarse hasta más de 1.060.000 millones de litros anuales, once veces más que las estimaciones de 2024.
La huella hídrica de los centros de datos -indica dicho organismo- se asocia principalmente a la generación de electricidad que alimenta a la infraestructura, pero comprende también su refrigeración y la fabricación de semiconductores.
La EEA señala que esta previsión adquiere especial relevancia porque el despliegue se produce "a menudo en regiones que ya sufren escasez de agua", lo que intensifica "la competencia entre los usuarios de agua industriales, agrícolas y domésticos".
Y es que, según sus datos, pese a su ventaja frente a otros territorios en materia hídrica, Europa comienza a dar "síntomas de agotamiento", con el 32 % de la población sufriendo escasez de agua en alguna estación y el 26 % de los acuíferos en mal estado.
Los ecologistas se oponen
Greenpeace considera "totalmente incompatibles" la expansión de los centros de datos prevista y la situación hídrica europea, especialmente en el sur.
"Triplicar la capacidad de los centros de datos en un contexto de emergencia hídrica y climática como el que vive Europa es un despropósito ambiental y una irresponsabilidad social", señalan en una entrevista con EFE el experto en aguas de Greenpeace Julio Barea y la responsable de Energía y Clima, María Prado.
La organización reclama que los proyectos incorporen una evaluación de su impacto sobre el balance hídrico para priorizar "el consumo y los caudales ecológicos" frente a otros usos.
Para Greenpeace, además, mejorar la eficiencia de la instalación no garantiza una reducción de la presión total sobre el agua si el número de centros y la "demanda computacional" continúan en aumento.
"No es un riesgo, es una realidad documentada por la ONU mediante la paradoja de Jevons, o efecto rebote", advierte la organización, que teme que el ahorro conseguido mediante nuevas tecnologías termine siendo absorbido por el crecimiento del sector. EFE
rgg/icn