Victoria Calvo
Madrid, 30 jul (EFE).- Una falsa ilusión, un futuro que creen esperanzador, un sueño que se rompe cuando descubren la realidad y los abusos. Así son las "cadenas invisibles" que subyugan a 1.339 personas en España, sobre todo mujeres y niñas, en situación de trata y explotación en lo que va de 2026, en su mayoría migrantes, según datos de Cruz Roja Española.
"La manera que tienen de atarte es una cadena invisible y mental", define a EFE Paula (nombre ficticio) de 35 años originaria de República Dominicana y superviviente de trata. "Detrás de cada víctima hay una manipulación, hay daño, hay miedo, hay un control constante que nadie elige", continúa, al narrar el "difícil proceso" de reconstrucción de una vida que "estaba muy rota".
Paula, desde su posición actual y en el Día Internacional contra la Trata, quiere romper el mito más propagado socialmente: las mujeres están ahí porque quieren.
Ella pudo romper esa "cadena invisible y mental" que la ató durante un año tras su captación, y ahora, con su testimonio quiere convertir en algo tangible esa manipulación psicológica y física sufrida para que la sociedad deje de mirar hacia otro lado.
"Alguien mandaba en mí hasta para la hora de comer, de bañarme y de hacer cosas tan cotidianas para un ser humano", relata.
Hasta que "alguien me miró sin juzgarme y me hizo sentir que yo valía como persona". Ahí empezó el largo proceso de salir, reconstruirse y aprender a confiar en ella nuevamente.
Un crimen bajo la oferta y la demanda
"El ser humano se convierte en mercancía porque hoy es el segundo negocio más lucrativo", subraya la presidenta de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP), Rocío Mora.
Esta asociación asesoró el año pasado en España a 7.037 personas -1.820 nuevas atenciones- en oficinas y mediante unidades móviles formadas por equipos especializados que realizan un mapeo para encontrar a potenciales víctimas.
Por eso, insisten en construir una sociedad libre de violencia y explotación intentando frenar una demanda que marca el futuro de miles de mujeres y niñas cada año, sometidas a cargar con "una maleta sin derechos".
"Mientras seamos el primer país que más está demandando a mujeres para ser esclavizadas es muy complicado que podamos parar todo esto", condena Mora.
Mayoría latinoamericanas
Hace años, las víctimas de trata en España procedían de Rumanía y de países africanos, pero ahora son los países latinoamericanos los que cuentan con un mayor número, más del 90 % de las 576 identificadas por la Guardia Civil el pasado año.
De ahí la importancia de "trabajar en los países de origen" ya que "el delito empieza a cometerse en aquellos como Colombia, Venezuela, Perú, Brasil o Paraguay", explica Mora.
"Hay un delito internacional que tiene que ser frenado tanto por el Estado como por instituciones en los países de origen y destino", alega la presidenta de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida.
Por su parte, la teniente de la sección de trata de seres humanos de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, Sonia Hurtado del Pino, explica a EFE que "si no se hace una investigación a nivel global con otros países es imposible desarticular una red de trata".
Desde esta unidad mantienen redes de coordinación como la iberoamericana REDTRAM para que "haya una comunicación informal pero directa entre los países de Latinoamérica" al igual que el trabajo que realizan junto con la Dirección de Investigación Criminal (DIJIN) colombiana y la policía argentina.
Salir es solo el primer paso
La teniente de la UCO explica cómo al sentarse enfrente de las víctimas descubren que todo el proceso posterior de continuas declaraciones frente a policías y jueces "es casi peor que todo el infierno que pasaron anteriormente".
"Salir requiere tiempo, apoyo y mucha valentía", cuenta Paula mientras describe todo el proceso que ha pasado como una serie de "pequeños pasos" que le devolvieron la estabilidad y dignidad.
El acompañamiento psicólogico es fundamental: "Cuando se sienten protegidas, cuando realmente confían y se sienten apoyadas, lo que quieren es colaborar e ir a un procedimiento penal", señala Mora.
Ahora, en el caso de Paula, su sueño es continuar ayudando a mujeres que están pasando por lo mismo que ella sufrió, siendo parte de la unidad móvil de APRAMP.
"Si mi historia sirve para que una sola persona entienda la trata o para que una sola mujer pueda salir, ya ha valido la pena", concluye. EFE
vcg/ime/pcc
(Foto)(Vídeo)