La vida se detiene en el epicentro de la emergencia paraguaya por crecida del río Paraná
Ron González y Francisco Zárate
Ayolas (Paraguay), 25 oct (EFE).- Ramón Ferreira relató con pesar que su vida se detuvo hace dos semanas, cuando la crecida del río Paraná inundó su casa y las de cientos de personas en la ciudad de Ayolas, en el departamento paraguayo de Misiones (sur), transformado en el epicentro de una emergencia causada por las lluvias asociadas al fenómeno de El Niño, que ha dejado más de 4.000 familias damnificadas en todo el país.
"Tuvimos que salir (de nuestras casas), yo estaba haciendo trabajos particulares, afuera, pero con esta situación tuve que dar un paso al costado porque no me da, la movilidad es difícil", dijo Ferreira a EFE desde un albergue en la Escuela 131 de la ciudad.
La vivienda de este hombre en el barrio San Josemí está casi por completo bajo las desbordadas aguas del río Paraná, que suele estar entre los 1,50 y 1,80 metros, pero que por estos días se acerca a los 6,50 metros, muy por encima de los 4,50 que la ciudad tiene como tope antes de entrar en emergencia.
"Sabíamos que la inundación iba a venir", admitió Ferreira resignado.
Teníamos esperanzas de poder pasar octubre en nuestras casas. Lastimosamente, antes de la quincena de octubre vino el aviso y tuvimos que salir antes de que el agua nos arrase", añadió.
Dejaron la vivienda y los animales que él y su familia tienen para el autosustento.
Las ovejas y los cerdos fueron dejados en casas de amigos, mientras que las gallinas, más de un centenar, quedaron en el lugar más alto de la casa, así como las pertenencias que pudo salvar de las aguas.
Hasta enero
En Ayolas residen cerca de 18.000 personas, según datos recabados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en el censo de 2022.
De estas, más de 3.000 o casi el 17 % se han visto obligadas a trasladarse a alguno de los 19 refugios instalados en las zonas más altas de la ciudad, aseguró a EFE el intendente (alcalde) electo y coordinador del Centro de Operaciones de Emergencia de Ayolas, José Mutti.
"Esto va a durar bastante tiempo, empezó el mes de octubre y durará todo noviembre y diciembre. La información que tenemos hasta el momento es que en enero existe la posibilidad de que empiecen a bajar (las aguas)", explicó.
El río Paraná suele crecer cada año, pero esta vez "es diferente", dice Mutti, refiriéndose al fenómeno de El Niño.
"Se afectaron barrios no ribereños (...), tenemos muchísimas pérdidas tanto en la parte agrícola como ganadera", advirtió.
Con todo, esta crecida es menor a la de 1983, muy recordada en el país porque dejó bajo las aguas incluso amplias zonas de la capital, Asunción, cuando subieron de nivel varios de los ríos del país.
"Acá estamos los nietos y los bisnietos de los que estuvieron en 1983", afirmó al respecto Ferreira, al recordar el carácter cíclico de las inundaciones en Paraguay por la crecida del Paraná y otros cuerpos de agua que recorren esta nación mediterránea.
Entre ollas comunitarias
La Escuela 131 alberga a una treintena de familias damnificadas, que suponen más de 100 personas.
Allí, las personas duermen en carpas donadas por la Entidad Binacional Yacyretá, que controla la hidroeléctrica creada por Argentina y Paraguay, y que usa la corriente del Paraná para producir energía.
Algunos de los damnificados tienen la vida en pausa, pero otros como María Magdalena Ferreira encontraron nuevas labores: la mujer es una de las encargadas de las ollas comunitarias, en las que cada día se cocinan al menos tres comidas para más de 100 personas.
Y en medio de sus nuevas ocupaciones, la mujer no olvida la tragedia que atraviesa.
"Se mojaron casi todas mis cosas", declaró a EFE con pesar. "Muy rápido vino el agua", agregó.
Tampoco olvida a sus mascotas, a las que considera parte integral de su familia. Su perrita y uno de sus gatos, el más dócil, le acompañan en su carpa.
Pero otro arisco felino, que ella califica como "malo", sigue oculto en la parte alta de su casa y cada mañana el hermano de la mujer toma una lancha para llevar comida al animal.
"Ahora todo es tormenta, tormenta, es un peligro para nosotros. Pero sí o sí tenemos que volver a nuestras casas", concluyó la mujer. EFE
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