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Las 40 víctimas del vuelo 93 de United, un último acto de valentía que salvó vidas el 11S

Las 40 víctimas del vuelo 93 de United, un último acto de valentía que salvó vidas el 11S

Yeny García

Shanksville (EE.UU.), 6 sep (EFE).- Veinticinco años después del 11S, el Memorial del Vuelo 93 de United Airlines recuerda a los 40 pasajeros y tripulantes que perecieron en un campo de Pensilvania tras enfrentarse a los secuestradores para evitar que el avión fuera usado para un atentado similar a los de las Torres Gemelas y el Pentágono.

La acción de los viajeros, registrada a través de las llamadas hechas desde la aeronave y las grabaciones en la caja negra, terminó con el impacto mortal del aparato unos 18 minutos antes de llegar a Washington (el blanco más probable de los terroristas de Al-Qaeda), pero evitó una nueva masacre y potencialmente salvó cientos de vidas.

El vuelo 93 fue el único de los cuatro aviones secuestrados el 11 de septiembre de 2001 que no cumplió con el objetivo trazado dentro de los peores atentados en la historia de Estados Unidos, donde murieron unas 2.977 personas, sin contar a los 19 secuestradores.

"Creo, tal como han afirmado varios presidentes estadounidenses, que este fue el primer contraataque contra el terrorismo" en el país, dijo a EFE Stephen Clark, encargado de supervisar el parque nacional que preserva el sitio del accidente, cerca de la localidad de Shanksville, a unos 200 kilómetros de Washington.

Vidas interrumpidas por la tragedia

Nada en la mañana apacible de ese martes parecía presagiar la tragedia que se avecinaba. El Boeing 757 de United Airlines despegó con retraso a las 8:42 hora del Este desde Newark, Nueva Jersey, con destino a San Francisco, California. Solo cuatro de las 44 personas a bordo sabían en ese momento que ninguno regresaría a casa.

Unos cuatro minutos más tarde, un primer avión impactó la Torre Norte del World Trade Center en Nueva York, cambiando la historia de EE.UU. y la silueta de la ciudad para siempre. A las 9:03, una segunda aeronave se estrelló contra la Torre Sur. A las 9:37 un tercer aparato colisionó contra el muro occidental del Pentágono.

Unos 46 minutos después del despegue, los cuatro secuestradores del vuelo 93 entraron en acción, irrumpieron en la cabina, se cree que asesinaron a los dos pilotos y tomaron el control del avión.

Esa demora, unida al retraso en la salida, permitió que los pasajeros y la tripulación se pusieran rápidamente al tanto de la situación en tierra. "Un total de 13 personas realizaron 37 llamadas en tiempo real a sus seres queridos y a los operadores de los servicios de emergencia", explicó Clark. "Entendieron que su avión iba a ser usado como arma".

"(Los 40) comprendieron exactamente lo que había sucedido en Nueva York. Y luego, cuando se enteraron en tiempo real que el vuelo 77 de American Airlines impactó contra el Pentágono, se unieron y votaron a favor de intentar contraatacar", agregó el superintendente de los parques nacionales de Pensilvania Occidental.

Una última media hora decisiva

Clark agregó que gracias a las grabaciones de la cabina de mando se conoce que los secuestradores supieron del plan de los pasajeros y decidieron esperar a que estos actuaran para derribar el avión.

"¡A la cabina, a la cabina, o moriremos!", se escucha la voz en inglés del que parece ser un pasajero. Tras esto, el piloto terrorista maniobró para intentar desestabilizar a quienes cargaban contra la puerta.

"Justo a mi derecha, aquí mismo, a las 10:03 y 11 segundos, el avión estaba directamente sobre nosotros completamente invertido, desplazándose a 563 millas por hora (unos 906 km/h) y en un ángulo de unos 40 grados. Y, al final, se les acabó el tiempo", narró.

Para Clark, "es realmente extraordinario" que estas "personas comunes y corrientes opusieran resistencia" ante una amenaza de este tipo.

Un sitio para honrar a las víctimas

El Memorial Nacional del Vuelo 93 "es verdaderamente especial", indicó sobre el parque, que incluye varias exhibiciones al aire libre, la Torre de las Voces, un muro con los nombres de las víctimas y un pequeño museo donde se puede seguir la cronología de eventos y escuchar escalofriantes mensajes finales de los pasajeros a sus familias.

A 25 años de los ataques y a medida que crecen nuevas generaciones que no vivieron o no recuerdan el 11S, la necesidad de preservar la historia cobra notable relevancia.

"Si olvidamos el 11 de septiembre o, en este caso, lo ocurrido con el vuelo 93, creo que estaríamos fallándole a nuestra comunidad y a las personas de todo el mundo. (...) Por eso dedicamos una gran energía a educar a la próxima generación", insistió Clark. EFE

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