Las protestas en Francia mantienen su fuerza desprovistas de violencia
París, 24 oct (EFE).- El pulso de las protestas contra el Gobierno francés mantuvo su intensidad este sábado con multitudinarias concentraciones en todo el país, mientras que el reforzado dispositivo policial evitó las escenas de violencia extrema que se habían desarrollado una semana antes.
Francia contenía el aliento temerosa de que se repitieran las imágenes de las calles de muchas de sus ciudades tomadas por individuos encapuchados que vandalizaron y saquearon miles de comercios, ante la impotencia de las fuerzas del orden.
Pero la nueva jornada de protestas, la segunda en la que se concentraban las reivindicaciones sindicales, estudiantiles y de los 'chalecos amarillos', cobró un cariz muy diferente, más pacífico.
Controladas por los propios sindicatos, que atesoran una gran experiencia en el mantenimiento del orden en las manifestaciones, estas transcurrieron con calma por las calles de las principales ciudades del país.
Ni siquiera en Orleans se produjeron escenas de violencia. La ciudad del centro de Francia había sido objeto de una atención particular de las fuerzas del orden ante la coincidencia del congreso del partido de extrema derecha de Marine Le Pen con una manifestación antifascista.
La líder ultraderechista, favorita de los sondeos en las presidenciales de abril/mayo próximo, recibió duras críticas, sobre todo por su discurso antiinmigración, un día después del intento de masacre con cariz racista que tuvo lugar a las afueras de París y que se saldó con un muerto y cinco heridos.
En el resto del país se mantuvo el número de manifestantes, 800.000 según los organizadores, el mismo número que una semana antes, 410.000 según el Ministerio del Interior, que el 17 de octubre contó 550.000.
Y eso que el Gobierno había prohibido muchas de las concentraciones programadas y otras las había descentralizado a zonas periféricas de las ciudades para alejarlas del corazón comercial.
Con ese impulso, los convocantes, que tienen en su punto de mira el encarecimiento de la vida, las condiciones estudiantiles y todo un abanico de peticiones, apelaron a una nueva jornada de protesta para el próximo sábado, para calentar la convocatoria de huelga general programada para el 5 de noviembre en la que esperan elevar el tono contra el presidente, Emmanuel Macron.
Su voz, amplificada por la presencia de líderes políticos de la izquierda y dirigentes sindicales, fue más audible en ausencia de los actos violentos que fagocitaron el mensaje el pasado sábado y que con mucha menor intensidad solo aparecieron en el momento en el que la policía apremió a disolver las concentraciones.
Ahí se vivieron escaramuzas entre manifestantes, algunss de ellas violentas, y la policía, que utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua en ciudades como París, Lyon, Marsella, Burdeos, Toulouse o Estrasburgo, entre otras.
Lejos del nivel de violencia del pasado 17 de octubre, aunque se registraron cargas policiales a última hora del día y enfrentamientos en plazas o en lugares donde los prefectos habían vetado las manifestaciones.
El dispositivo policial, "significativamente reforzado" hasta alcanzar los 70.000 agentes desplegados en todo el país, evitó verse desbordado, como había sucedido siete días antes.
La mayoría de las críticas en las manifestaciones tenían un destinatario claro, el inquilino del Elíseo, acusado de no escuchar las peticiones de la calle en un final de mandato crítico, incapaz de calmar la llama de la protesta que hace tres semanas encendieron los estudiantes de institutos y que han ido avivando otros grupos.
Con una popularidad por los suelos, sin apenas margen presupuestario por el acecho de los mercados financieros y una deuda desbordada, Macron tiene dificultades para reconducir un movimiento de protesta en medio de una campaña electoral para su sucesión donde es el blanco de todos los dardos.
"Ceda y deje de hacernos perder el tiempo", le espetó el líder de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon, el único de los principales candidatos que participó en las manifestaciones. EFE
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