Las secuelas de la sequía calientan el planeta y las lluvias posteriores no lo compensan
Barcelona, 30 sep (EFE).- Las secuelas de la sequía pueden persistir incluso un año después de que haya pasado, una situación que las lluvias posteriores no consiguen compensar y que contribuye a intensificar el calentamiento global.
Es la conclusión de un estudio realizado a escala mundial y que se ha publicado en la revista científica Nature Communications, con participación de los españoles Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), informaron en un comunicado este miércoles.
Los resultados muestran que, si el suelo sigue perdiendo humedad a lo largo del año posterior a una sequía, la temperatura aumenta más de lo que disminuye cuando recupera la misma cantidad de agua que había perdido.
En concreto, cuando el suelo pierde una determinada cantidad de agua, la temperatura sube 0,13 °C y, cuando el suelo recupera la misma cantidad de agua que perdió, la temperatura baja solo 0,06 °C.
Esto se debe, en parte, a que las plantas no se recuperan al mismo ritmo que el agua del suelo: después de una sequía pueden haber acumulado daños en los tejidos vegetales y su capacidad de transpirar y absorber CO₂ tarda en reactivarse, lo que reduce el enfriamiento de la vegetación y aumenta el calentamiento del planeta.
La Amazonía, una de las zonas más vulnerables
Este efecto prolongado de la sequía se ha observado en más del 60 % de la superficie terrestre, aunque los datos indican que las zonas más afectadas se sitúan en Norteamérica, el este de China, África subsahariana y el oeste de la Amazonía.
"La Amazonía actúa como el aire acondicionado de todo el planeta gracias a la ingente cantidad de agua que transpira a la atmósfera", explica el investigador Josep Peñuelas.
Así, cuando una sequía extrema hace caer la humedad en el oeste de la Amazonia, los árboles reducen esta transpiración y la selva "no solo deja de enfriar el mundo, sino que frena su función vital como gran sumidero de carbono, acercando el ecosistema a puntos críticos de no retorno", añade.
Para sacar estas conclusiones, el equipo analizó datos climáticos y de humedad del suelo desde 1980 hasta 2024.
Esta información fue combinada con 17 modelos del sistema terrestre (ESM), que simulan las interacciones entre la atmósfera, el suelo, la vegetación y otros elementos, con el objetivo de identificar el efecto de la sequía un año después en la temperatura, la vegetación, la transpiración y la absorción de carbono. EFE
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