León XIV escucha en Arguineguín las dramáticas voces de la crisis migratoria canaria
Cristina Cabrejas
Las Palmas de Gran Canaria (España), 11 jun (EFE).- A su llegada a las islas Canarias este jueves, la primera parada del papa fue para escuchar en el muelle de Arguineguín, a donde llegan miles de emigrantes, las auténticas voces de la emergencia migratoria y su petición fue "trabajar como sociedad para que este drama disminuya y para construir un mundo más justo".
El primero en tomar la palabra fue un capitán de Salvamento Marítimo, Tito Villarmea, emocionado por hablar ante el papa, ante el que relató que las embarcaciones del organismo han rescatado a más de 20.000 personas en los últimos años.
"Es una cifra que duele y que no se olvida. Todos conocemos la imagen de Canarias de día, pero de noche es otra realidad: mar brava, oscuridad absoluta y embarcaciones frágiles cargadas de vidas", señaló el capitán. "En cada rescate vemos a una persona cuya vida depende directamente de nosotros", dijo.
El capitán, en representación de los más de 1.600 profesionales de Salvamento Marítimo, quiso terminar con un mensaje de esperanza: "Ojalá nunca más tuviéramos que rescatar a nadie. Trabajemos como sociedad para que este drama disminuya y para construir un mundo más justo".
Después, la voluntaria de Cáritas María Reyes Alemán expresó las dificultades de su trabajo de ayuda a los migrantes. "Más allá del cansancio visible en sus cuerpos, nos impactaba la mezcla de incertidumbre y esperanza que traían consigo. Nos dolía su drama humano y sentíamos que no alcanzábamos a comprender toda la magnitud de lo que estaba ocurriendo", declaró.
"Aprendimos que no se trataba de resolverlo todo, sino de estar presentes. Escuchar, ofrecer gestos de cercanía —unas zapatillas, un abrigo, un café— o ayudar a conseguir la documentación necesaria era ya un modo de acompañar", contó, y lanzó un mensaje: "Cada persona que llega no es un problema que resolver, sino una historia que abrazar y acompañar".
Testimonio de una víctima de trata
Otra voluntaria leyó el testimonio de una mujer nigeriana víctima de trata, Ayo, que por motivos de seguridad no estuvo personalmente en el encuentro con el papa.
Narró que dejó Nigeria para poder dar una vida mejor a sus dos hijas, pero la mafia la llevó a un lugar donde le hicieron un ritual el "yuyu": "Me dijeron que tenía una deuda de 25.000 euros que debía pagar cuando llegara a Europa. Así empezó mi cautiverio".
Contó que cuando llegó el momento de cruzar el mar, vio "cómo las personas que salieron antes que nosotros ese mismo día murieron ahogadas". Después de ese duro viaje consiguió llegar a España, se quedó embarazada de un traficante, le quitaron el bebe y la obligaron a prostituirse.
"Cuando la policía detuvo a quienes me tenían presa, por fin pude tenerle conmigo. Desde entonces, con la ayuda de la Iglesia a través de las trabajadoras sociales, la vida ha empezado a cambiar", continuó la voluntaria, que no pudo contener el llanto durante la lectura.
En este acto, en representación de todos los migrantes que llegan a España, estaba María Fernanda López Meza, una colombiana que llegó a Las Palmas de Gran Canaria en 1997 y después de pequeños trabajos logró fundar su propia empresa: "He podido cumplir un sueño que parecía imposible cuando dormía en la calle", dijo.
López Mesa pidió que "las gestiones y trámites para quienes llegan sean cada vez más humanos y ágiles". "Gracias Gran Canaria por tanto", concluyó.
Por su parte León XIV, en su discurso ante estos emigrantes, aseguró que "la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados" en el mar.
El papa inició este jueves su visita a las islas Canarias, última etapa de su viaje a España, con el foco puesto en la migración. EFE
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