Rio de Janeiro, Brasil, 28 Set 2026 (AFP) -
En medio de una profunda polarización, Brasil acude a las urnas el domingo para optar entre dos modelos de país propuestos por el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y el derechista Flávio Bolsonaro.
He aquí los principales asuntos en juego.
- ¿Bastión de izquierda o alianza de derecha? -
América Latina giró a la derecha en los últimos años: Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia y, más recientemente, Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú.
Una victoria de Lula mantendría a Brasil, que concentra cerca de la mitad del PIB y de la población de Sudamérica, como el gran reducto de la izquierda en la región, junto a México.
Flávio Bolsonaro sumaría al país a la ola de la derecha.
Oliver Stuenkel, profesor de la Fundación Getulio Vargas, relativiza sin embargo el peso de la ideología en las relaciones regionales.
"El alineamiento total entre estos países es más retórico que sustancial", dice a la AFP.
Lula, líder veterano y pragmático, mantiene vínculos normales con Kast y Paz. Con Argentina, socio estratégico comercial de Brasil, la relación cambió poco pese a los ataques de Milei contra el brasileño, recuerda Stuenkel.
- La relación con Washington -
Donald Trump, aliado del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro, impuso aranceles punitivos a productos brasileños y sancionó a jueces y otros funcionarios.
Si gana Lula, Washington seguirá recurriendo a amenazas y aranceles selectivos, sus "instrumentos permanentes de negociación coercitiva" para frenar los lazos con China, prevé Regiane Bressan, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de São Paulo.
Estados Unidos es el segundo socio comercial de Brasil, detrás de China.
Con Flávio, habría un alineamiento con Washington, "al menos discursivo", dice Bressan a la AFP.
Pero cualquier alejamiento comercial de Pekín chocaría con "un veto inmediato" del poderoso sector del agronegocio, aliado del derechista, pero que tiene como principal cliente al país asiático.
- Prueba para la democracia -
Jair Bolsonaro atacó durante años, sin pruebas, el sistema de voto electrónico y nunca reconoció públicamente su derrota de 2022.
El 8 de enero de 2023, miles de sus seguidores invadieron las sedes de los tres poderes en Brasilia para protestar contra un supuesto fraude.
Al inicio de su campaña, Flávio sembró dudas sobre las urnas electrónicas, aunque luego afirmó que respetaría los resultados.
Lula defendió la semana pasada ante la ONU un sistema electoral "moderno y robusto" y advirtió que no permitirá que "los enemigos de la democracia, internos y externos" atenten contra la voluntad popular.
- El futuro de la corte suprema -
El domingo se renovarán también íntegramente la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado, de mayoría conservadora en los últimos años.
Esto es importante también porque el próximo presidente podrá nombrar hasta cuatro de los once jueces de la corte suprema, que son ratificados por el Senado.
En abril, la cámara alta rechazó al candidato de Lula al máximo tribunal, algo que no ocurría desde hace más de un siglo.
Flávio Bolsonaro ha arremetido contra la corte y aboga por la destitución del juez Alexandre de Moraes, a cargo del juicio que condenó a 27 años de cárcel a su padre por golpismo.
- La Amazonía y el cambio climático -
Brasil es clave en la lucha contra el cambio climático por albergar la Amazonía, la mayor selva tropical del planeta.
Pero el tema está ausente de la campaña, pese a que el 91% de los brasileños considera importante que los candidatos presenten propuestas climáticas, según una encuesta de la empresa Ipsos difundida por el Observatorio do Clima.
La deforestación cayó fuertemente durante el gobierno de Lula, que mantiene su promesa de acabar con ella para 2030.
Al mismo tiempo, el izquierdista apoya la exploración petrolera cerca de la desembocadura del Amazonas, con el argumento de que sus ingresos financiarán la transición energética.
Flávio ha evitado atribuir el calentamiento global a la acción humana. Aun así, promete terminar con la deforestación en 2029, aunque su respaldo al agronegocio genera dudas sobre su cumplimiento.
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