Los nobeles contra tecnooligarcas en la idea de abandonar la Tierra
Cristina Magdaleno
Arona (España), 21 oct (EFE).- Viajes mensuales a otras estrellas, ciudades lunares, asentamientos en Marte y una humanidad convertida algún día en especie interestelar, una visión expansiva de la raza humana que choca, de plano y de momento, con las reglas de la física, tal y como se confrontó en la octava edición del festival científico Starmus.
El físico francés Serge Haroche, Nobel de Física en 2012, fue particularmente tajante este miércoles desde Tenerife, donde se celebra la cita, y subrayó que ni la imaginación, ni la inteligencia artificial ni el deseo humano de colonizar las estrellas permiten modificar la relatividad.
"Tenemos que distinguir entre realidad y ciencia ficción", reclamó Haroche, para quien viajar más rápido que la luz es directamente imposible y hacerlo a velocidades próximas a ella plantea unas exigencias físicas y energéticas incompatibles con las fantasías habituales sobre la colonización interestelar.
"Fake news"
Imaginarlo está bien, concedió, pero hacer creer a personas que no son científicas que ocurrirá en el futuro es realmente problemático y "fake news", resaltó.
Los vídeos que muestran esos viajes, ironizó, deberían incorporar la advertencia de "ciencia ficción asistida por IA".
La reflexión llegó un par de días después de que el empresario espacial iraní-estadounidense Kam Ghaffarian, cofundador y presidente ejecutivo de Axiom Space, dibujara, en el mismo escenario que Haroche, un futuro opuesto.
Ghaffarian, que nació en Isfahán y recuerda contemplar de niño las estrellas preguntándose si algún día sería posible vivir entre ellas, piensa que el "destino de la humanidad" es convertirse en una especie interestelar, en la misma línea que otros de sus homólogos -algo más- multimillonarios como Elon Musk, de SpaceX.
La hoja de ruta de Ghaffarian comienza con estaciones espaciales comerciales, continúa con una base permanente en la Luna y asentamientos en Marte, y termina fuera del sistema solar, e imagina un futuro posterior a 2050 con lanzamientos diarios hacia la Luna, semanales a Marte y, de manera habitual, misiones regulares hacia otras estrellas.
Durante su conferencia mostró incluso una recreación de un hipotético viaje a Próxima Centauri que duraría, según sus fabulaciones, algo más de seis meses.
Problemas para llegar
Ahí es donde otro Nobel, el astrofísico suizo Michel Mayor, descubridor junto con Didier Queloz del primer exoplaneta alrededor de una estrella similar al Sol y Nobel de Física en 2019, colocó la calculadora sobre la mesa.
Mayor no duda de que la Vía Láctea alberga millones de planetas rocosos y probablemente muchos mundos situados en zonas donde podría existir agua líquida.
"El problema no es encontrarlos. Es llegar hasta ellos", apuntó.
Si aparece un planeta potencialmente habitable a solo 30 años luz, prácticamente en el vecindario a escala galáctica, un vehículo que viajara a velocidades similares a las alcanzadas por las misiones Apolo necesitaría varios millones de años para llegar, tal y como ejemplificó.
No hay planeta B
La respuesta habitual a ese problema no puede simplemente ser "acelerar", eso, dijo, tampoco resuelve el problema, porque elevar la velocidad hasta las magnitudes necesarias exige cantidades de energía que Mayor considera inalcanzables.
"Si la Tierra se vuelve inhabitable, la humanidad no tendrá ninguna posibilidad de emigrar a otro exoplaneta. No tenemos un planeta B. Tenemos que cuidar la Tierra. Es física simple", remató.
¿Y el ordenador cuántico?
Por su parte, el físico español Ignacio Cirac, director en el Instituto Max Planck de Óptica Cuántica, recordó en Starmus que los ordenadores cuánticos explotan fenómenos tan extraños como la superposición, pero siguen afrontando enormes dificultades para controlar errores y aumentar de escala.
Cirac cree que acabarán desarrollándose tecnologías extraordinariamente potentes, aunque advirtió contra el ciclo de expectativas desmesuradas.
"Nadie sabe si tardarán cinco, diez o veinte años ni cuántas de las aplicaciones que ahora se prometen llegarán realmente", manifestó.
¿Irse de la Tierra?
La discusión sobre abandonar la Tierra atravesó además otras intervenciones del festival, como la de la astronauta y geocientífica Sian Proctor, quien ayer compartió que Marte puede formar parte del futuro humano, pero antes, insistió, habría que aprender a vivir en la Luna y aprovechar ese esfuerzo para hacer más eficiente el uso de alimentos, agua, energía, materiales y residuos en la Tierra.
Y Julie Payette, astronauta canadiense que participó en la puesta en marcha de la Estación Espacial Internacional, igualmente daba por probable que algún día alguien camine sobre Marte, aunque espera que no con la intención de plantar una bandera nacional, sino como resultado de una empresa colectiva.
Incluso Geoffrey Hinton, Nobel de Física y uno de los pioneros de la inteligencia artificial, introdujo una lectura política más áspera al criticar la idea de Marte como un "nuevo comienzo" donde una élite tecnológica pueda establecer sus propias reglas "lejos de los estados y los impuestos", una visión que vinculó expresamente con determinadas corrientes de "tecnofeudalismo". EFE
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