Lula, el obrero octogenario que desafía la ola global de la ultraderecha en Suramérica
Carlos Meneses
São Paulo, 2 ago (EFE).- Luiz Inácio Lula da Silva, el primer obrero en alcanzar el poder en Brasil, pensaba que a sus 80 años estaría retirado en una playa. Pero en octubre buscará un cuarto mandato porque insiste en que mientras viva "la extrema derecha no volverá a gobernar".
El antiguo tornero mecánico, figura central del progresismo latinoamericano y último presidente en activo de la marea rosa de los 2000, fue proclamado este domingo, una vez más, candidato presidencial por el Partido de los Trabajadores (PT), en São Paulo.
De la pobreza a la Presidencia
Nacido el 27 de octubre de 1945, en la aldea de Vargém Grande (ahora municipio de Caetés), en el nordeste de Brasil, vivió la extrema pobreza durante los primeros años de su vida.
Séptimo hijo de Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Melo, nació en una casa sin luz ni alcantarillado. Su precaria situación no le impidió convertirse en el primero de la familia con un título de formación profesional, el de tornero mecánico.
Con el tiempo se zambulló en el sindicalismo en la zona metropolitana de São Paulo, desde donde lideró masivas manifestaciones en plena dictadura militar (1964-1985).
Luego saltó a la política, fundó el PT y, cuando estaba a punto de desistir tras varias derrotas electorales, el entonces líder cubano Fidel Castro lo convenció para continuar en la batalla política, en la que sigue hasta hoy.
La izquierda brasileña, sin alternativas, vuelve a confiar en su máximo líder "para mantener el país en el camino de la reconstrucción de las políticas públicas", según dijo hoy el presidente del PT, Edinho Silva, en la ceremonia de proclamación.
Si en 2022 disputó unos apretados comicios ante Jair Bolsonaro, hoy inhabilitado, condenado y preso por golpismo, este año todo apunta a un duelo en un eventual balotaje con el hijo mayor del expresidente, el senador Flávio Bolsonaro.
Líder en las encuestas, Lula afronta su séptima elección presidencial tras participar en 1989, 1994, 1998, 2002, 2006 y 2022. Perdió las tres primeras, ganó las tres últimas. En sus dos primeros mandatos (2003-2010) impulsó una gran transformación social, sacando de la pobreza a millones de brasileños.
En 2018, el PT también lo postuló, pero la Justicia tumbó su candidatura, ya que por aquel entonces estaba en prisión tras ser condenado en procesos de corrupción luego anulados y archivados, lo que le permitió volver del destierro político.
Marxista en sus orígenes, Lula encara esta campaña reivindicando los datos económicos de su última gestión: crecimiento medio por encima del 2 %, desempleo en mínimos históricos, expansión del gasto social, subida del salario mínimo e inflación bajo control.
En la otra cara de la moneda, una deuda pública que ha superado la barrera del 80 % del producto interior bruto (PIB) y un déficit fiscal que roza el 10 % del PIB.
La sombra de la corrupción también amenaza sus posibilidades de reelección, ahora con su hijo en la diana.
Esta semana, un juez de la Corte Suprema autorizó la apertura de dos investigaciones por tráfico de influencias contra su hijo mayor, Fábio Luís Lula da Silva, conocido como Lulinha.
Una Sudamérica escorada a la derecha
Sin embargo, Lula busca su cuarto mandato en un contexto suramericano distinto al de hace cuatro años y, sobre todo, al de comienzos del siglo XXI, cuando buena parte de la región estaba gobernada por la izquierda.
Lula hoy cuenta con pocos aliados, salvo el uruguayo Yamandú Orsi. El mapa está mayoritariamente dominado por fuerzas conservadoras. La derecha y la derecha radical gobiernan en Argentina (Javier Milei), Paraguay (Santiago Peña), Chile (José Antonio Kast), Bolivia (Rodrigo Paz), Perú (Keiko Fujimori) y Ecuador (Daniel Noboa).
A partir del viernes lo hará también en Colombia, con Abelardo de la Espriella, y Venezuela, desde la captura de su presidente Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses, está hoy condicionada por las decisiones de la Administración de Donald Trump.
EE.UU. ha renovado su interés en América Latina y lo ha cristalizado en el llamado 'Escudo de las Américas', iniciativa anunciada para luchar contra el crimen organizado.
El Brasil de Lula no forma parte de este nuevo grupo, en medio de las tensiones con el gran vecino del norte. El propio Lula ya ha alertado de que EE.UU. "intentará interferir en las elecciones" en favor de Flávio Bolsonaro, aunque asegura que no le preocupa.
"Que venga a ayudarlo quien quiera. Si quiere venir Trump, que venga. Si quiere venir Milei, que venga. Yo no quiero ayuda de afuera; la única ayuda que quiero es la del pueblo brasileño", aseveró el viernes en un acto en Fortaleza. EFE
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