Nepal abre túneles inundados sin saber si encontrará supervivientes o cadáveres
Indira Guerrero
Trishuli (Nepal), 31 ago (EFE).- Nadie sabe qué hay al otro lado del agua. Los rescatistas creen que decenas de trabajadores pueden encontrarse más adentro, en las instalaciones subterráneas de la central hidroeléctica Upper Trishuli-3A, pero el túnel está inundado hasta el techo y una masa de roca, tierra y lodo bloquea el camino hasta ellos.
No saben si alguno sigue vivo. Tampoco si encontrarán cuerpos cuando consigan entrar.
El domingo abrieron en la montaña un hueco de apenas 60 por 90 centímetros. Varios militares descendieron sujetos por cuerdas y gritaron hacia el interior. Nadie respondió.
Llevaban cuatro días intentando llegar. Este lunes empezó el quinto.
Una excavadora que no cabe en un helicóptero
Durante la madrugada, una nueva voladura permitió avanzar y comprobar hasta dónde llegaba el agua, pero no alcanzar el punto donde se cree que estaban los trabajadores cuando la riada arrasó el miércoles la central y buena parte del valle.
"Si no hubiera agua dentro, ya habríamos llegado hasta el lugar donde creemos que están atrapados", explicó Shri Ram Neupane, ingeniero y experto en túneles que participa en la operación, al medio nepalí Setopati.
Más allá del agua hay una enorme acumulación de piedras, tierra y lodo. Para retirarla necesitan dos grandes excavadoras.
El problema es llevarlas hasta allí.
Las carreteras quedaron destruidas y las máquinas son demasiado grandes para los helicópteros. Desmontarlas, trasladarlas por piezas y volverlas a ensamblar consumiría todavía más días.
"Estamos trabajando con lo que tenemos disponible", reconoció Neupane.
La sucesión de obstáculos ayuda a explicar cómo una operación con militares, policías, ingenieros, explosivos y especialistas extranjeros sigue sin alcanzar, casi 120 horas después de la inundación, el lugar donde se busca a los trabajadores.
Esas mismas 120 horas hacen cada vez más difícil imaginar qué puede haber al final. Los equipos no han tenido contacto con quienes creen que quedaron dentro y desconocen si existen sectores secos, bolsas de aire o espacios elevados donde alguien haya podido refugiarse.
Hasta que consigan entrar permanecen abiertas las dos posibilidades más extremas, encontrar supervivientes después de cinco días bajo tierra o llegar cuando ya no quede nadie a quien rescatar.
Cinco días de obstáculos
El Ejército intentó dos veces aterrizar en Upper Trishuli-3A el miércoles, pero el mal tiempo obligó a abortar ambos intentos. Solo el jueves consiguió dejar un equipo sobre el terreno para evaluar los daños junto a técnicos de la Autoridad de Electricidad de Nepal (NEA).
La operación específicamente destinada a alcanzar a quienes podían haber quedado atrapados bajo tierra comenzó el viernes, según la NEA.
Los equipos perforaron cinco conductos para introducir aire, excavaron accesos alternativos y buscaron una galería utilizada para los cables de la central. El domingo llegaron finalmente a la parte superior del túnel y abrieron el hueco por el que descendieron los militares.
Gritaron hacia el interior. Nadie respondió.
La cronología no muestra cinco días sin búsqueda, sino cinco días en los que cada avance condujo a un obstáculo distinto, primero llegar a la central, después encontrar los accesos enterrados, abrirlos y finalmente enfrentarse al agua y los sedimentos.
Once indios, nueve chinos y un equipo surcoreano
La complejidad de las operaciones llevó a Nepal a incorporar especialistas extranjeros. Once rescatistas indios trabajan en Mailung-Chilime y Syafrubesi, nueve chinos en Upper Trishuli-3A y personal surcoreano también ha sido desplegado, según el portavoz gubernamental Prakash Poudel.
Datos oficiales sitúan en más de 900 las personas atrapadas o sin localizar en distintos proyectos hidroeléctricos, aunque esa cifra no equivale al número de personas bajo tierra.
Familiares y representantes del sector habían reclamado ayuda exterior, mientras el Gobierno sostiene que no rechazó ofertas internacionales y que solicitó especialistas conforme identificó las necesidades.
Queda por reconstruir cuándo se estableció que había trabajadores posiblemente atrapados en cada túnel, cuándo se determinó qué ayuda especializada requería cada operación y cuánto de estos cinco días responde a la dificultad física de acceder a centrales que la riada dejó prácticamente incomunicadas.
El siguiente autobús
No todos los trabajadores desaparecidos estaban bajo tierra.
Ajay Prasad Singh, un ingeniero de control de calidad de 30 años que trabajaba en un proyecto hidroeléctrico de Rasuwa, no estaba dentro de un túnel la última vez que uno de sus compañeros lo vio.
El trabajador, que pidió no ser identificado, consiguió abandonar el complejo en autobús apenas unos minutos antes de la riada.
Ajay debía tomar el siguiente.
Cuando su compañero se marchó, él todavía permanecía en las instalaciones. Desde entonces no se sabe dónde está.
Su familia ha recorrido centros de rescate y hospitales e intentado localizar su teléfono. Los datos de ubicación sitúan su última señal dentro del campamento, en un punto que ahora estaría sepultado.
"Desafortunadamente, todavía no tenemos ninguna noticia sobre Ajay. La búsqueda continúa", confirmó este lunes a EFE uno de sus familiares.
Su caso muestra por qué el número de desaparecidos en las hidroeléctricas no puede convertirse automáticamente en una cifra de personas atrapadas en túneles.
Llegar y no encontrar a nadie
En Rasuwagadhi apareció este lunes una tercera posibilidad.
Un equipo consiguió recorrer hasta el último punto del túnel donde se sospechaba que podían haber quedado personas atrapadas.
No había nadie.
Una fuente involucrada en las búsquedas indicó a EFE que los equipos inspeccionaron incluso el tramo final con un dron antes de dar por terminada la búsqueda dentro de la galería.
En Chilime, los rescatistas avanzaron alrededor de cien metros y localizaron dos cadáveres bajo el barro, mientras en Upper Trishuli-1 otro operativo penetró unos 300 metros y recuperó un cuerpo.
Rasuwagadhi demostró que incluso conseguir entrar puede no resolver la desaparición de quienes se buscan.
En Upper Trishuli-3A todavía no han llegado a ese punto. Lo que encuentren al otro lado determinará si la operación continúa siendo un rescate o pasa a ser una recuperación de cuerpos. EFE
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