Planes antagónicos entre EE.UU. y la ONU para Libia: ¿primero unificación o elecciones?
Túnez, 5 abr (EFE).- Sobre el papel, Estados Unidos y la ONU persiguen el mismo objetivo para Libia: acabar con la crisis que mantiene al país dividido en administraciones desde 2014, pero sus planes son radicalmente opuestos. El primero apuesta por la unificación institucional como paso previo a unas elecciones, mientras que la segunda aboga por todo lo contrario.
Ocho meses después de que la misión de la ONU presentara una hoja de ruta que plantea unas elecciones para lograr la unificación, el asesor del Gobierno estadounidense para África, Massad Boulos, propuso, hace un mes, un plan paralelo centrado en unificar las instituciones, como requisito previo para el "éxito" en unos eventuales comicios.
A continuación, las claves de unos planes contrapuestos con avances dispares, en un país detenido en el tiempo:
1- ¿Fragmentación interesada?
Los intentos de acabar con la división fueron numerosos y ampliamente respaldados por diversos países y organismos internacionales, pero, por una razón u otra, nunca fructificaron, al encontrarse con trabas por parte de figuras con poder de ambos bandos, de instituciones y de grupos de poder, con gran influencia y capacidad de presión.
Esta realidad ha propagado la idea de que el primer ministro del Gobierno de Unidad Nacional (GUN), Abdelhamid Dbeiba -que controla el oeste-, y el mariscal Jalifa Haftar -que tutela el este- están cómodos con el control sobre sus territorios, y que una unificación podría amenazar el poder que cada uno tiene sobre su zona de influencia.
2- 'Plan Boulos', una decisión salomónica encubierta y rechazada
La propuesta principal es la unificación en una sola Administración, con el poder repartido entre el hijo del mariscal Haftar y comandante adjunto del Ejercito Nacional Libio, Saddam Haftar -quien lideraría el Consejo Presidencial (jefatura de Estado provisional) y el Ejército-, y Dbeiba, que mantendría su cargo de primer ministro para todo el país y asumiría, además, la cartera de Defensa.
Este reparto entre las familias Haftar y Dbeiba es rechazado por facciones políticas y militares, el Consejo Presidencial y el Alto Consejo de Estado -órgano consultivo que funciona como Parlamento-, que mostraron públicamente su oposición. Ni siquiera los beneficiarios de la partición lo ven claro, al intuir que sería algo provisional que podría serles arrebatado en unas elecciones.
3- La hoja de ruta de la ONU, sí pero no
Cuando la representante de la ONU para Libia, Hanna Tetteh, presentó su hoja de ruta ante el Consejo de Seguridad el pasado agosto, planteando un marco electoral viable basado en el diálogo para celebrar comicios en un plazo máximo de 18 meses, y la posterior formación de un gobierno unificado, la buena acogida fue unánime por parte de instituciones, organizaciones y actores políticos.
Pero con el transcurrir de los meses, y a medida que se fueron dando pequeños pasos con reuniones que incluyeron a la sociedad civil y a sectores minoritarios, tradicionalmente relegados, el rechazo comenzó a manifestarse con diferentes argumentos en quienes antes asentían, logrando así un estancamiento que volvió a dejar al país en el punto de partida.
4- Boulos avanza; la ONU se estanca
A pesar de todo, Boulos ignora voces críticas y da pasos significativos. De momento, consiguió que las partes se aliaran para aprobar un presupuesto unificado -primer avance conjunto en 13 años- y realizar el ejercicio militar Flintlock 2026 en Sirte -ciudad estratégica y punto divisorio de los dos territorios-, marcando un hito histórico al lograr la participación de las fuerzas militares de ambos lados.
Mientras, Tetteh reconoce que su plan hacia unas elecciones en el plazo fijado está estancado y culpa a "algunos dirigentes" que -asegura- "actúan al margen del marco establecido", al formar estructuras "paralelas" que limitan la eficacia del proceso de reunificación, "poniendo en riesgo la estabilidad y la paz".
5- Una encrucijada sin fin
Desde 2011, con las protestas de la Primavera Árabe y el derrocamiento de Muamar Gadafi, Libia vivió un vacío de poder que desembocó en una guerra civil en 2014, que se prolongó hasta 2020, con una lucha centrada en el control de instituciones, recursos petrolíferos y la capital, Trípoli. Y aunque hace seis años el conflicto bélico se dio por finalizado, la inestabilidad y la división permanecen.
Con un alto el fuego en octubre de 2020, se abrió un nuevo escenario que pretendía buscar una salida con unas elecciones. Sin embargo, más de un lustro después, la disputa persiste en una Libia acostumbrada a la inestabilidad y con una voluntad poco clara por parte de los protagonistas de superarla. EFE
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