Protestas y Halloween, el cóctel explosivo que temen este sábado las autoridades francesas
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París, 30 oct (EFE).- Por tercer sábado consecutivo, Francia afronta una masiva jornada de protestas en diversos puntos del país que el Gobierno prevé "de muy alto riesgo", puesto que ha detectado en las redes sociales llamamientos a cometer actos violentos, algunos de ellos aprovechando las fiestas de Halloween, lo que incrementa la alarma.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, aseguró que las autoridades asumen que la vigilancia tendrá que extenderse durante la noche, tras haber detectado convocatorias a acudir, disfrazados de Halloween, a manifestaciones violentas a partir de las 20.00 horas.
Agregó que estas concentraciones serán sistemáticamente prohibidas, al igual que el uso de máscaras, tan típicas de la celebración de Halloween, por temor a que sean aprovechadas por los violentos para esconder su rostro y cometer disturbios.
"El pretexto de la noche de Halloween no será un motivo legítimo para ocultar el rostro en el espacio público", indicó Nuñez, que consideró que la fiesta y el contexto de protesta obligará a afrontar una jornada "particular".
El ministro atribuyó esos llamamientos a la revuelta aprovechando la noche festiva a movimientos de ultraizquierda y señaló que en muchas de las convocatorias, que calificó de "extremadamente violentas", se llamaba a la revolución y cometer actos violentos y a desbordar el orden público.
Muchas de esas manifestaciones están convocadas a través de la red social Bitchat, de más difícil control para la policía porque no usa internet y cuya descarga se ha multiplicado en los últimos días.
Es un nuevo frente para las autoridades francesas ya en alerta para lidiar con las protestas sindicales y de los 'chalecos amarillos' contra el encarecimiento de la vida y el deterioro de los servicios públicos, que se han unido a la mecha encendida hace casi un mes por los estudiantes de instituto y que mantienen al país en una enorme tensión social a seis meses de las presidenciales.
Ese ambiente encontró su punto álgido el pasado día 17, cuando grupos violentos aprovecharon las manifestaciones para provocar actos de vandalismo y saqueo en numerosas ciudades del país.
El incendio del Ayuntamiento de Limoges, los destrozos en el de Marsella o en la oficina de turismo de Lyon, pero también en unos 3.000 comercios de todo el país provocaron una gran conmoción y llevaron al ministro del Interior a presentar su dimisión, que fue rechazada por el presidente, Emmanuel Macron.
Aunque el pasado sábado el incremento del despliegue policial y la prohibición de manifestaciones en los centros de las grandes ciudades limitó las revueltas, el Ejecutivo no baja la guardia.
Hasta 70.000 agentes desplegados
Hasta 70.000 agentes serán destacados en todo el país, incluidas las brigadas de élite de policía y gendarmería, pero también drones, helicópteros, unidades ecuestres y caninas, vehículos blindados y drones, un dispositivo muy similar al de la semana pasada.
Junto a ello, los prefectos han delimitado el ámbito de las protestas, dejando al margen los centros urbanos, lo que ha generado tensiones con los organizadores, que les acusan de querer acallar la voz de la calle.
Simbólico es el caso de París, donde los sindicatos solicitaban manifestarse entre las plazas de Bastilla y Nación, pero la prefectura les relegó a una zona más periférica del este de la ciudad, una decisión que tumbó a última hora de la tarde un tribunal administrativo, cuyo fallo ha recurrido el Gobierno ante el Consejo de Estado por la gravedad de las amenazas de disturbios.
Los 'chalecos amarillos' solicitaron ir más lejos y acampar hoy a las puertas de la Asamblea Nacional, algo totalmente descartado por las autoridades policiales; además querían que la marcha terminase en la Plaza de la Concordia, a dos pasos de ese centro de poder y del Elíseo.
Un escenario idéntico al de otras ciudades que ha abierto un nuevo pulso entre sindicatos, asociaciones estudiantiles y 'chalecos amarillos' con el Gobierno, que también tiene que responder a las exigencias de seguridad de los comerciantes, que exigen que no se repita la jornada del pasado día 17.
La firmeza policial del Ejecutivo parece atizar más la cólera de los manifestantes, que siguen determinados y que esperan volver a repetir las cifras de los dos últimos sábados, 800.000 manifestantes, según sus cuentas, en torno al medio millón según las policiales.
Cifras que Interior confiesa que podrán repetirse este sábado, aunque en el epicentro de su preocupación siguen estando los grupos violentos.
Estudiantes y sindicatos exigen que se renuncie al uso de algunas armas policiales, como las granadas de dispersión, que han mutilado a varios manifestantes en los últimos días, a lo que Nuñez responde que son necesarias para contener a los grupos radicales. EFE
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