Sara Baras, público en pie y 20 minutos de aplausos en el estreno mundial de 'Infinita'
Manuel Moguer
Sevilla, 11 sep (EFE).- Sara Baras conquistó la Bienal de Sevilla con el homenaje a las ocho provincias de Andalucía que puso en pie a los espectadores del estreno mundial de 'Infinita', espectáculo que se ganó más de 20 minutos de aplausos del respetable en el teatro de la Maestranza de la capital hispalense.
"Tengo las manos rotas de aplaudir", decía una joven a otra al abandonar el patio de butacas, finalizado ya el espectáculo, un viaje por Andalucía provincia a provincia en el cuerpo de ocho mujeres: la propia Sara Baras y siete bailaoras.
"¿A que impresiona?", preguntaba camino de la calle un hombre de avanzada edad a una mujer, que asentía con la cabeza después de haber visto la más de hora y media de espectáculo donde Baras estuvo impecable, pero donde destacó sobre todo por bulerías y alegrías hacia el final del número, cuando el viaje por Andalucía llegó a su Cádiz natal.
"Vaya taco gordo" se decían dos jóvenes sonrientes en el patio de butacas del teatro después de esos más de 20 minutos de aplausos que empezaron a las 22.24 horas y, de forma intermitente, solo interrumpido por los agradecimientos de Baras, llegaron hasta las 22.45 y a ratos por bulerías.
El recorrido andaluz de 'Infinita' llegó a las ocho provincias con representación de los fandangos de Huelva, de los verdiales de Málaga o de las Sevillanas de la ciudad que acoge la XXIV edición de la Bienal de flamenco, a la que Baras volvió después de años de ausencia.
El espectáculo contó con guitarra, voces, percusión, palmas y violín que acompañaron al baile como lo hicieron las luces, perfectamente diseñadas para los números y que dejaron a ratos solo un foco cenital que centró toda la atención en la música y el baile.
Esa fue una de las claves de 'Infinita': lo sutil, lo sobrio de los elementos que rodearon a lo importante: el cante, el toque y, sobre todo, el baile.
El cuerpo de baile, con vestidos negros que fueron adornando con mandiles pardos, mantones verdes y azules o sombreros según fue avanzando el baile, dejó toda la atención en manos, pies y caras.
Brazos al aire
Los brazos de una de las bailaoras en el segundo número, ella sola en el centro de la escena, traje negro, fondo negro, fueron de los más celebrados por sus movimientos a ratos delicados como cisne en ballet, a ratos violentos y hasta con dejes de robot que fueron de Maya Plisétskaya a Pastora Imperio.
El espectáculo fue constante en los momentos pensados para impresionar al espectador, algo que consiguió con los juegos de sombras, luces -a cargo de Óscar Jiménez de los Reyes- y el vestuario, elemento central en un escenario desnudo de escenografía física.
Las piernas de la gaditana parecían tener un motor y, con un ritmo inagotable marcó el compás mientras el cuadro de voces y música la acompañaba para dejar paso al final donde entró el resto del cuerpo de baile para rematar el espectáculo.
"Sevilla es la ciudad más bonita del mundo", guiño de Sara Baras al público que siguió con una ronda de cante y baile por bulerías que cerró el espectáculo y siguió con el interminable aplauso para 'Infinita', la gaditana, su equipo y la Bienal de Sevilla. EFE
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