Cuando hablamos de integración regional, muchas veces pensamos en tratados, reuniones internacionales o declaraciones. Todo eso es necesario, pero la integración adquiere verdadero sentido cuando se traduce en resultados concretos para la gente, la producción y el desarrollo de nuestras regiones.
Esa es una de las responsabilidades del Parlamento Andino. Como órgano democrático y de representación del Sistema Andino de Integración, su tarea no se limita al debate parlamentario. Impulsa la armonización legislativa, promueve la participación ciudadana, hace seguimiento al proceso de integración y fortalece vínculos entre países, instituciones, universidades, sectores productivos y sociedad civil.
Por eso, adquiere un significado especial la distinción “Eloy Alfaro”, con la que el Parlamento Andino reconoció a Fexpocruz en el marco de sus 50 versiones como feria internacional, reconociendo su papel como un espacio real de integración económica, capaz de conectar productores, empresas, mercados y oportunidades entre los países que conforman el parlamento: Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.
El evento ferial Expocruz representa, mejor que muchas definiciones, lo que significa integrar. Durante cinco décadas ha reunido productores, empresarios, emprendedores, delegaciones internacionales y visitantes de distintos países. Aquí se generan negocios, se comparte tecnología, se abren mercados y se construyen relaciones de confianza. Santa Cruz se conecta con Bolivia y Bolivia se conecta con el mundo. Por eso la definí como “integración hecha realidad”.
Un Parlamento de integración debe contribuir a construir esos puentes. Debe acercar países, identificar intereses comunes, facilitar el diálogo político, promover marcos que favorezcan la cooperación y conectar las agendas públicas con quienes producen, invierten, generan empleo e innovan. La integración no puede ser un concepto lejano ni una agenda reservada a algunas autoridades; debe sentirse en la economía, la educación, el comercio y las oportunidades de nuestros ciudadanos.
También debemos entender que la integración no se construye únicamente desde las capitales o los gobiernos centrales. Las regiones tienen un papel decisivo. Santa Cruz lo demuestra por su vocación productiva, su capacidad empresarial y su apertura al comercio.
Reconocer a Fexpocruz es reconocer a generaciones de hombres y mujeres que entendieron que crecer exige abrirse al mundo, competir, innovar y establecer vínculos más allá de nuestras fronteras. Es reconocer un evento ferial que durante 50 versiones convirtió cada encuentro y cada intercambio en una oportunidad para acercar países y sectores.
Ese debe ser también uno de los grandes objetivos de nuestra representación supraestatal: lograr que los espacios parlamentarios internacionales tengan una expresión práctica en nuestros países y regiones, y que la integración se traduzca en beneficios visibles.
La integración tiene valor cuando genera resultados. Cuando abre mercados. Cuando facilita cooperación. Cuando conecta personas. Cuando impulsa inversión, conocimiento y empleo.
Expocruz lleva 50 versiones demostrando que eso es posible desde Santa Cruz.
Ese es el tipo de integración que debemos seguir impulsando: menos distante, más concreta; menos protocolar y más cercana a la producción, al desarrollo y a la gente.