El acuerdo entre Irán y EE.UU., un "fracaso" de Netanyahu que dificulta su reelección
María Traspaderne
Jerusalén, 18 jun (EFE).- El acuerdo firmado entre Irán y EE.UU. se percibe en Israel como un "fracaso" del primer ministro, Benjamín Netanyahu, al no haber sabido imponerse a su aliado Donald Trump y presionar hasta alcanzar sus objetivos bélicos, un escenario que podría suponer un obstáculo de cara a su reelección en los comicios de otoño.
Tras casi 24 horas de silencio luego del anuncio del acuerdo, el primer ministro con más tiempo en el poder en la historia de Israel -17 años de forma intermitente- comparecía en la noche del lunes en Jerusalén ante un puñado de periodistas israelíes para dar explicaciones sobre el fin de la guerra.
"No me equivoqué en absoluto", defendía ante unos reporteros que ponían en duda su éxito en la contienda. Causando el revuelo de los presentes, explicó que los peligros del uranio enriquecido de Irán y de su producción de misiles han quedado "lejos", y reprochó a los periodistas haber publicado como "fracaso" una campaña que para él ha alejado un "peligro existencial".
Un acuerdo a espaldas de Israel
La percepción de que no ha conseguido sus objetivos es general en Israel. Periodistas, ciudadanos de a pie y analistas coinciden en que el fin de la guerra ha sido una claudicación de Netanyahu frente a Trump, quien le ha dirigido palabras muy duras en las últimas semanas.
"No se percibe como una victoria, la gente esperaba ver un cambio", explica a EFE Helit Barel, exdirectora del Consejo de Seguridad Nacional israelí y especialista en relaciones Israel-EE.UU. Los israelíes, añade, querían compromisos más firmes de Irán en el ámbito nuclear y "aún más" en el de su arsenal de misiles.
El memorando difundido por la Casa Blanca no recoge sin embargo ninguna estipulación para Irán respecto a sus misiles ni sobre la financiación de lo que considera 'proxies' en la región, como Hamás o Hizbulá, dos temas clave para los israelíes.
Además, sentencia el fin de la guerra en el Líbano y el respeto a su soberanía territorial, cuando Netanyahu ha afirmado que seguirá ocupando el sur del país vecino y quiere mantener "libertad de acción" allí.
"El acuerdo se ha visto con muy malos ojos por la mayoría de los israelíes, especialmente por los israelíes judíos, y sobre todo por los partidarios de la coalición actual", coincide Shmuel Rosner, periodista e investigador del Instituto de Políticas del Pueblo Judío (JPPI).
Este fin de la guerra no gusta ni entre los partidarios de Netanyahu y sus socios en el Gobierno, quienes han criticado el acuerdo por "perjudicial"; ni entre los partidos opositores, que lo han descalificado de "fracaso político" gestado lejos y a espaldas de Israel.
Al comienzo de la ofensiva a Irán en febrero, un 93 % de los israelíes judíos apoyaba la ofensiva al país persa, un apoyo que cayó al 78 % cuando se decretó el alto el fuego tras 40 días de conflicto, según datos del Instituto de la Democracia de Israel (IDI).
Ahora, dice Rosner citando una nueva encuesta que está a punto de publicarse, una mayoría coinciden en que los objetivos de la guerra no se han alcanzado.
Daño a la campaña de Netanyahu
La incógnita es si esa caída en el apoyo se reflejará en las elecciones de otoño. Mientras el partido de Netanyahu, el Likud, se mantiene con pocos cambios en los sondeos -ha pasado de 27 escaños antes de la guerra con Irán a 23 en la última encuesta del Canal 11-, los partidos opositores de centro y de la propia derecha sí están subiendo y podrían conseguir echarle del gobierno.
En la rueda de prensa del lunes, un periodista preguntó directamente a Netanyahu si se presentará a la reelección y el primer ministro, que a sus 76 años se enfrenta a varios juicios por corrupción, contestó rotundo para despejar dudas: "Me voy a presentar y tengo la intención de ganar".
Ello entre encuestas como la del IDI de principios de junio, cuando el 61 % de los israelíes (57 % de judíos) pensaba que no debería optar a un nuevo mandato.
"Creo firmemente que esto está perjudicando gravemente sus perspectivas de reelección. Él apostó fuerte por esta guerra, pensó que sería lo que le llevaría a la victoria", dice Barel.
Además de no haber logrado sus objetivos con Irán, la analista añade que otra de sus bazas electorales ha quedado muy tocada: su supuestamente estrecha relación con el presidente Trump.
"Su relación con Donald Trump, de la que tanto se enorgullece, se ve muy deteriorada", indica para recordar que el mandatario estadounidense es quien maneja el proceso de negociación con Irán y ha tenido declaraciones muy duras sobre Netanyahu, llamándole "loco" y "persona difícil".
Rosner también cree que lo ocurrido no es bueno para su campaña. En la anterior, recuerda, "se presentó como el gran aliado de Trump y puso carteles por todo el país con él y Trump dándose la mano".
Y antes se había vendido, ante la Administración de Barack Obama, como alguien que podía decir 'no' a un presidente de Estados Unidos. "Ahora vemos que no puede", sentencia el investigador.EFE
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